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lunes, 4 de mayo de 2009

Anécdotas de un call center


Los teleoperadores también somos personas...
...aunque mucha gente no lo crea.

Los clientes nunca piensan en las personas que estamos al otro lado de la línea informando, aguantando, soportando preguntas idiotas y a veces ininteligibles. Pobres mujeres desesperadas trabajando con las uñas, ya que todas las efectivas herramientas que disponemos, funcionan mal un día si y otro también. Y a pesar de ello, nos vemos limitadas a un maravilloso tiempo de gestión, que perdemos totalmente, esperando que carguen las herramientas, ya pesar de ello debemos preguntar, responder y aguantar, eso si con educación, cumpliendo los parámetros estipulados por la empresa, aguantando groserías, amenazas y otras lindezas.

Cuando llevas cierto tiempo, lo que menos te preocupa es que te insulten, todo lo contrario, el día que nadie te recuerda a tú santa madrecita, sales con una sensación de vacío, como si algo te faltase. Lo que mas toca las… narices es cuando te llama algún cliente rebozante de cultura y te dice, por ejemplo:
- Mi DNI es 55xxxxx55 y le preguntas
- Sr. Menganito, dígame por favor la letra de su DNI, y te contesta demostrando un nivel cultural difícil de medir,
-Señorita la letra esa que parece un dos…
- Ehhh?
Ante semejante baño de sabiduría, poco se puede alegar, al menos sin un bate de béisbol en la mano.

Los idiomas, eso es otra cosa que te amarga la existencia. Soy una persona que se ha criado en un país en donde tus compañeros de colegio pasaban de la negrita, la portuguesa, la árabe, la china, etc. Pero, claro nunca traté de venderles un servicio telefónico… Tenemos operadoras para atención en Catalán, en Gallego, en ingles, pero yo lo que quiero es un operador que atienda chinos, y sobre todo Cordobeses. Si! Cordobeses de Cordoba, España, Pero por Snoopy, en qué idioma hablan estos paisanos? Advierto que no tengo nada en contra de ellos, todo lo contrario, me encanta la Mezquita, y mi tío Paco, al cual tampoco entiendo del todo, pero, de cada cuatro palabras con dos que entienda, ya me hace descojonar de la risa.
-zeñorita, mi teléfono no anda.
¡Si pudiese contestar sólo una de las frases que pasan por mi mente…!

Hoy me llamó el Sr. Yung Li, aún no se que es lo qué quería. Os transcribo parte de nuestra amena conversación:
- Yo cambio, no vivo, yo quiele numelo cambio.
- ¿quéeeeee?
- Cambio Señolita, no vivo
- Quiere Ud. Un traslado de su servicio?
- Si, yo quiele traslado.- ( Bien está descifrada la solicitud!!!!!)
- Indíqueme Ud. la dirección del nuevo domicilio.
- Xjhfd ℅תּוּ‼ x (frase imposible de transcribir)
- Me indica, por favor la provincia?
- Cuatlo, cinco, tles…
- No, disculpe, la prooo-viiiin-ciiiaaa
- Cuatlo, cinco, tles…
- Sr. Li la dirección, calle, nº , provincia.
- Cuatlo, Cinco, tles…
Al final me rindo, he rezado hasta al Dios Pastafari, al cual tengo mucha Fe, pero la llamada no se cortó, tampoco ha caído una lluvia de meteoritos encima de la central, mis plegarias no fueron escuchadas...

Y cuando te llama el Sr. Sandalio Chocho Feo ó la Sra. Bordas Carne Bonaventura. O peor aún, un nombre impronunciable como el del Sr. Boguslawkrzysztof Wawrzyniak Osinski, es cuando nos hacemos preguntas tan trascendentales como: le llamo por el nombre, por el apellido, rezo nuevamente al Dios Pastafari?

Qué es lo que hacemos cuando un animal sufre y no podemos calmar su dolor: lo sacrificamos.
Debiésemos empatizar con estos clientes que sufren....

Nunca olvidare la primera llamada que recibí! Un suicida… Cansado de la vida, imposibilitado de chatear, con la imperiosa necesidad de conectarse a Internet para jugar on-line un juego de batallas con sus compis. Que triste! Pobre hombre! Cómo sobrevivir un día sin conexión Adsl? Y las madres, tan preocupadas por la educación de sus hijos, que llaman el domingo a las 17:00 indignadísimas, porque sus pequeños retoños tienen un importante trabajo que entregar en el cole el lunes a primera hora. En esos momentos recuerdo lo dura que fue mi infancia. Cuantos trabajos me vi obligada a realizar con un simple lápiz, unos cuantos folios y horas y horas en una biblioteca. O la primera máquina de escribir, hasta derechita me sentaba sintiéndome como toda una ejecutiva. Aún me estremezco sólo de pensar en la crueldad de mi madre, obligándome a transcribir los trabajos para el colegio. Fue verdaderamente inhumano…

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