
Un español medio pierde alrededor de tres calcetines al año. Si los multiplicamos por toda la población española, eso supone un total de unos 120 millones de calcetines perdidos. ¿Dónde están esos 120 millones de calcetines? ¿Quizá en el mercado negro?
¿Cómo es posible que siempre haya algún par desparejado tras pasar por la lavadora? ¿Acaso la lavadora es un artefacto fagocitador de calcetines?
En mi casa desaparecen misteriosamente los calcetines, y se da la circunstancia de que nunca lo hacen los dos a la vez, sino de uno en uno, con el resultado de que los cajones de mis armarios están llenos de huérfanos desparejados, faltos de amparo y de pies a quien vestir
Quizá todo tenga su origen en la ofensa casual que se les hace a estas prendas pareadas cuando se tiran despreocupadamente al fondo de la cesta de la ropa sucia.Sin ningún mimo ni miramiento se sacan precipitadamente de los pies y se echan de modo inmisericorde al cesto. Ni una palabra de agradecimiento, ni una caricia de aliento, ni un reconocimiento de su magna labor; vengo por poner un ejemplo que diga al caso: “amigos queridos, qué bien os habéis portado… qué fieles sois, cómo soportáis el terrible olor…cuánto sudor habéis sufrido…sois indispensables…”Nada, ni un miserable vocablo concerniente a su ingrata labor y sus dilatadas tragaderas sensoriales.

Tengo un libro de poemas de una poeta colombiana llamado "Medias nonas" (Anabel Torres), que croe reside en España.
ResponderEliminarMedias nonas
Este título no ha tenido mucha acogida.
Después de un sondeo de opinión
he constatado que lo entienden con más facilidad
las mujeres
siempre y cuando no sean demasiado ricas o modernas.
Existe la esperanza en el fondo de cada mujer
de que a una media nona
le puede aparecer en cualquier momento la compañera,
pero la vida también nos ha demostrado
que ello es poco probable.
Las medias nonas gozan de gran popularidad entre las mujeres
sobre todo para las cosas que hacemos sin los hombres,
cuando ellos se van a estudiar o a la oficina.
Sirven para introducir la mano y sacudir el polvo,
esparcir cera, brillar muebles, guardar sueños, hacer traperos.
Sirven para lustrar zapatos, limpiar barbillas de bebé,
ocultar joyas o cartas de amor.
Sirven para recoger y donar a las monjas
que hacían y todavía puede que hagan preciosidades con ellas.
También para llevar cubiertos a un paseo de olla
o huevos duros.
Los únicos dos usos públicos que se conocen
de las medias sueltas
han sido registrados en su mayoría por hombres. Más espectaculares,
están documentados en cine, en videos y en la televisión:
llenas de arena o piedrecillas
son una cachiporra mortífera.
De nylon, sirven para atracar bancos y no ser reconocido.
Las medias nonas son misteriosas, útiles, versátiles,
de colores vistosos o suaves.
casi siempre son las más nuevas, las más bonitas,
las más finas, las más abrigadas,
las traídas de Escocia o Noruega,
las irremplazables.
Les dedico, pues, este libro
a mis amigas mujeres,
muchas de las cuales – yo incluída –
cada vez más tenemos menos miedo
de quedarnos sin pareja
con la confianza de que mis amigos hombres
se harán, con el correr del tiempo,
tan aficionados a las medias nonas como nosotras.
Discúlpame por la transcripción
Un saludo colombiano... también
Gracias por tu visita amigo.
ResponderEliminar`Puedes volver cuando quieras,tienes mi casa abierta.
Un abrazo muy fuerte.
Jajajaja ... Pues si llevas mucha razón , yo creo que las lavadoras tienen un Duende, yo normalmente pierdo el izquierdo ¿Será que se enteró que soy zurda?
ResponderEliminarBesos y gracias por las primeras carcajadas del día
Divertido, así debe ser la vida... y nosotros, somos esos calcetines perdidos... no importa el color o el tamaño de los mismos... estamos tan perdidos que no sabemos quienes somos, de donde venimos, a donde vamos... ¿pero qué importa? tenemos la música, el amor y las estrellas...
ResponderEliminarno cambies...
besos
gracias por visitar mi blog.
ResponderEliminartambien ire ojeando este. pinta bien por lo poquito que llevo mirado.
Un abrazo y nos leemos.
Hola, Marta:
ResponderEliminarTe agradezco tu visita por "Mar adentro" y tu simpático comentario.
Qué divertida ¡y cierta! esta reflexión sobre los calcetines. A mí no se me desparejan, peor, se me van llenando de "tomates", también inmisericordes :=)), que como balazos, dejan ya de prestar ya ese agradable abrigo a los pies, jajaja...
Un beso, querida Marta, te seguiré...
Hola!!!!!!!
ResponderEliminarGracias por pasar por mi humilde casa.......volveré.
Un abrazo de oso.
Hola.
ResponderEliminarMe hizo reir mucho tu articulo, la verdad necesitamos de alguien que les siga la huella, muchos calcetines estarán agradecidos. Quizás hacer un programa de tv en donde se los busque, y de paso conocer la tragedia que viven dia a dia soportando pies malolientes y desagradecidos :D
Un saludo...
y a proposito de tu comentario en mi blog, la verdad se agradece mucho, es un aliciente para seguir escribiendo y mejorando. Muchas gracias!!
Hola!!!
ResponderEliminarMuy bueno eso del programa de tv. Aún he visto en la web un "truco" para no perder los calcetines que se llama Sockfix, dice la gente que funciona bien (no me acuerdo de la web, os diré...) ¿Será verdad?
Saluditos a tod@s...y gracias por tu post Marta...veo que no soy la única en perderlos
Hola!!!
ResponderEliminarComo os dije, no me acordaba de la web: aqui esta: www.sockfix.com. Quien se apunta conmigo y probamos ¿no?
Besos a tod@s.
Mónica