Me encantan las librerías. Me gusta pasar la tarde perdida entre mesas y estanterías a la caza del un libro que me haga la vida más placentera. Me gusta el olor de los libros. Me dejo llevar por los títulos y leo siempre las contraportadas, pero lo que realmente me pierde es mirar las dedicatorias. Cuando las veo, siempre imagino quién está detrás de esos nombres y qué esconden esas frases breves, casi siempre agradecidas, sinceras y un punto enigmáticas. Reconozco que me encantaría que me dedicasen un libro o una película, o una canción… Notar que estás presente durante el proceso creativo de un artista debe de ser una sensación maravillosa. Debo confesar que hace algunos años, un amigo poeta, le dedico un poemario a mi ombligo, eso me dijo, pero el dedicar un libro a un ombligo visto en la calle, no me hace sentir muy segura de que se refiriese al mío. 




