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sábado, 5 de septiembre de 2009

INSULTAME CON CARIÑO!

En mi trabajo estamos bastante acostumbrados a los insultos, se ha convertido en parte del oficio. Si trabajas en un servicio de atención al cliente de un operador de telecomunicaciones, hasta son comprensibles, son pocos los que llaman para dar las gracias.


Los insultos, en realidad, me la repampinflan (me gusta esta palabra, aunque tengo dudas de cómo se escribe) son los típicos y faltos de originalidad que escuchamos en cualquier esquina o en la puerta de cualquier colegio o instituto. Pero hay algunos mmm...… que serán inolvidables.


Los que recuerdo con mas…’cariño’ son, por ejemplo, el señor que, después de defecar en todos los santos que conozco y los que aún dudo si existen, me amenazó indicando que vendrá, personalmente, a ponerme una bomba a mis pies. Supongo y espero que no será tan fácil conseguir material para fabricar bombas a menos que seas como McGyver que fabricaba bombas con un chicle, un palillo de dientes y un chupete para bebes.


Otro que me dejó sin palabras fue un señor, muy educado y con dulce voz, que me dijo que yo era mas inútil que la tetilla de un hombre, palabras que aún, a pesar de haber trancurrido varios meses, me mantienen cavilando sobre la verdadera utilidad de las tetillas de hombre, que, no dudo, alguna debe tener.


Y, tan lindo, el que un día me deseo que me diesen por donde amargan los pepinos. A mi el pepino me gusta en ensalada, en gazpacho, un buen tabule, y la verdad aún no he descifrado en dónde me puede amargar.


Un insulto reciente me lo dedicó un paisano (gallego de Cangas) en perfecto español, que me dijo que yo soy mas molesta que las fístulas de un buey viejo. Mi almohada con orejas me tranquiliza diciendo que no soy tan molesta, que todo depende de dónde están ubicadas dichas fístulas...

lunes, 4 de mayo de 2009

Un Ramo de Carallos



Recuerdo cuando estaba lejos, en mi otra tierra, un día mamá, mientras cocinaba, se hizo daño en la mano, y como buena gallega, soltó entre varias expresiones, la galleguisima “carallo”. Estaba acompañada de varias amigas del colegio, nativas de mi tierra adoptiva, y por supuesto, intrigadas por las exclamaciones de mi bella y loquita progenitora, preguntaron que significaba. Yo, por aquellos tiempos, más modosita que hoy en día, me sonroje y no supe que contestar, a lo que mi mami bella contesto: “carallo es una hermosa flor que sólo se dá en Galicia”. Le describió está flor con todo detalle, colores, olores, etc. Al final entendí que carallo es uno de los sinónimos de Galicia. Por cierto, aún le debo un frondoso ramo de “carallos” a varias de mis amigas venezolanas.

Normalización lingüística do Carallo


“Estos atontaos aún no se han enterado de lo que significa ser gallego. Los ‘normalizadores-xk-sí’ aún piensan que ser gallego es algo “que te pones”, como si fuera una chupa de cuero para ser motero. Y es que no lo entienden.
Ser gallego se lleva en los genes, en los huevos (o en los ovarios si eres gallega como yo).
Ser gallego significa revivir cuando tu pituitaria puede oler el mar tras pasar el telón de grelos de Piedrafita cuando vuelves del páramo mesetario. Es emocionarse viendo la nieve en el Padornelo o caminado los senderos de Ancares. Es haber nacido sabiendo nadar (bueno, eso es ser de ferrol, pero vale).
Es el gusto por la mesa honesta, sin mariconadas de chef ni chof. Es el gusto por invitar a comer porque eso es dar las gracias de corazón. Es pensar en una enchenta cada vez que hay patrón. Es atreverse a meter en la cazuela todo lo que nada, corre o vuela, aunque sea tan horroroso como una centolla.
Es no avergonzarse por ser pobre si se es honrado.
Es cuidar y respetar a tus mayores y escuchar con respeto cuando hablan porque saben más que tú. De todo.
Es poder vivir en un valle entre montañas sin sentirse encerrado, sino abierto al mundo. Es sentir que la lluvia te limpia y no te moja. Es ver la hermosura que hay en un campo de humildes patatas. Es ponerse cachonda con el olor a hierba recién cortada. Es tener una vaca y ponerle nombre porque es de la familia y se lo merece.
También es subir y bajar al mismo tiempo, ser patrón de tu propia vela, sacar la recortada por asuntos de lindes o quemar un monte por unas pajas allá.
Todo esto (y más que se me escapa) es lo que significa ser gallego; cosas de dentro, de las entrañas. Cosas que o las llevas o no.
Lo demás, lo de los colorines, las banderolas o incluso la lengua en la que nos expresamos, son meras circunstancias.
Pues si, soy gallega, a pesar de que en mi acento , no conviven la pronunciación de la letra "c" o de la "z"
Un gallego es gallego aunque hable japonés. Por cojones”.

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